Recreados en el intimo – Comentario sobre el Evangelio del cuarto domingo de Cuaresma 22 de marzo de 2020

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RECREADO EN EL INTIMO

El texto del Evangelio de Juan que nos presenta la liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma tiene el propósito de catapultarnos repentinamente a una escena en la que se evidenzia como sea siempre Jesús quien a mover los primeros pasos hacia de nosotros Lo contrario casi nunca sucede. Una vez más, Jesús está en camino. En su camino, ve a un hombre “ciego” desde su nacimiento.

En este punto de la historia, sus discípulos, a través de su pregunta, logran sacar lo mejor de ellos. Quizás también lo hagan de una manera “ingenua” sin profundizar en la pregunta que están a punto de hacerle al Maestro. Están convencidos de que el hombre, tan pronto como se encuentra, se enfrenta a esta “discapacidad” debida al pecado, tal vez el suyo o quizás el de sus padres. “¿De quién es la culpa?”, Preguntan.

La respuesta de Jesús, como siempre, desde un punto de vista pedagógico, deja a todos “sin palabras”. El ve más allá y nos ayuda a ver más allá.

La condición de este hombre, dice, tiene un solo propósito, el de ayudar a “manifestar” las obras de Dios.

Cada uno de nosotros, continúa Jesús, debe actuar con urgencia para cumplir su “mandato”. Realmente sorprendente es también el gesto que hace, toma su saliva y la extiende sobre los ojos del ciego.

Con el Mesías estamos viajando en el tiempo hasta el momento en que Dios se da cuenta de su acto creativo.

Justo en ese momento portentoso, Él quiere guiarnos. Aunque con una perspectiva diferente. Su llegada al mundo, de hecho, no es para ir y reparar, solo externamente, la Creación del Padre, ahora dañada por el comportamiento de cada hombre.

Más bien, Jesús quiere restaurar algo verdaderamente más profundo: nuestro corazón y nuestra alma.

Incluso en este episodio, las paredes habituales no tardan en levantarse. Para erigirlos no solo están sus oponentes “tradicionales”, los escribas y los fariseos, sino también la humanidad más cercana al protagonista “recreado”.

Su comportamiento está dictado por el miedo. No podían reconocerlo como el Cristo, pena de ser sacados de la sinagoga.

Se comportaron como verdaderos “seres humanos”. Jesús quiere que nos comportemos de manera diferente, quiere que aprendemos a sentir en nuestra piel la necesidad de transformar el corazón, caminando detrás de él, “la verdadera luz del mundo”.

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